La transformación de la ciudad y de los espacios para la participación ciudadana

Las ciudades son ciudades si hay quien las habite, parte de la identidad de las ciudades depende de sus ciudadanos, pues son ellos quienes montan sus negocios, se mueven en ellas, realizan actividades de ocio, construyen sus casas… Son los ciudadanos quienes como habitantes, consumidores y productores le dan a la ciudad su razón de ser.

Pero en este sentido, el concepto de ciudad y ciudadanía se han ido transformando a lo largo del tiempo. Sabemos que estas transformaciones responden a ciclos, momentos de gloria y momentos de decadencia, que también se reconocen en otros aspectos de la sociedad.”[1].

Carril bici de dos sentidos. León. LeleSorribas2012

Una vía de dos direcciones. LeleSorribas2012

Podemos hablar de tiempos en los que primaba un ciudadano reivindicativo, que clamaba por servicios y por un lugar en la ciudad; podemos hablar del ciudadano pasivo, usuario de los servicios y poco participativo; y ahora, podemos descubrir un tipo de ciudadano activo, productor y participativo, que usa los servicios a su disposición, reivindica su mantenimiento y busca generar un modelo de ciudad más social y con más protagonismo para sí mismo.

Juan Freire, biólogo, profesor universitario y emprendedor, dedicado a la investigación y consultoría en diversos temas, entre los cuales, gestión urbana, define la ciudad a través de los ciudadanos, “una ciudad es una agregación de personas, es un territorio con una densidad de población elevada, pero al mismo tiempo una ciudad tiene una identidad y un sentido de comunidad, aunque esto es algo que muchas veces no se tiene en cuenta.”  Y como Domenico di Siena, arquitecto, urbanista e investigador en gestión urbana, critica la escasa dimensión social de las ciudades, ambos creen que el modelo actual se basa fundamentalmente en el consumo, “el ciudadano ha asumido que es usuario de la ciudad y entonces pretende que la administración pública resuelva todos los problemas porque ha participado en unas elecciones, ha elegido a unos delegados y, de alguna manera, ha comprado unos servicios y exige unos resultados”, afirma Domenico.

En este sentido, Félix Manito, director de la fundación Kreanta, nos explicaba en la entrevista que mantuvimos con el que las posibles causas de esta pérdida de protagonismo por parte de la ciudadanía están en el papel protagonista de lo público, que ha suplantado otras iniciativas de índole privada y/o asociativa.

Es el momento de aprovechar las tecnologías de la información y de la comunicación a favor de esta nueva configuración ciudadana. Varias iniciativas ciudadanas se han apoyado en ellas para su consolidación, los ejemplos más claros son el 15M o Stop Desahucios, pero hay otras. Juan Freire y Domenico di Siena se refieren al caso del Campo de la Cebada en Madrid, donde sin eludir el papel de los gestores políticos, los ciudadanos han creado una agenda de actividades para darle contenidos a un espacio público en desuso. No se ha recurrido a ninguna empresa para realizar el programa, han sido los propios ciudadanos quienes se han coordinado para ello, y otro aspecto interesante es que las relaciones establecidas en la dimensión digital se materializan en el espacio físico.

Pablo Sánchez Chillón es el director de una consultora, Eolexcitylab, con dimensión internacional que trabaja en la gestión de las ciudades, el modo en que se ordenan territorialmente y la innovación social sobre la base tecnológica. Pablo considera que la tecnología tiene “la capacidad para transformar y adaptar físicamente  el territorio de la ciudad, dando lugar a espacios híbridos”.

Así tampoco podemos hablar del espacio público físico como algo diferente y/o contrapuesto al espacio público digital, se trata de una superposición e hibridación de ambos espacios públicos. “El resultado de todo esto será una simbiosis en que ambas realidades se potencian, dando como resultado nuevas formas de relación con la ciudad que influyen directamente en el espacio físico; en que viajar no es la única forma de trasladarse e ir no es la única manera de estar”, se explica en el informe del Seminario Investigación celebrado en Santiago de Chile en 2009 sobre nuevas tecnologías y arquitectura del espacio público urbano.[2] 2

La activación de la ciudadanía

Londres paso de semáforos. LeleSorribas2007

El peatón, como el ciudadano, a veces pide permiso para pasar. LeleSorribas2007

La división de los papeles, público- privado; la especialización profesional, la zonificación de las ciudades y la asunción de que los ciudadanos somos usuarios y no productores han traído como consecuencias la desconexión entre los ciudadanos y el desconocimiento de las transformaciones urbanas, que se producen ajenamente a nuestras necesidades. Yen ello, en recuperar la posición protagonista de la ciudadanía, se están aplicando muchos gestores urbanos e investigadores de ordenación territorial, que además ven en las TIC una posibilidad de activación de la ciudadanía.

Domenico di Siena afirma, “yo creo que esto arrastra un movimiento en el que el chip de ciudadano consumidor empieza a cambiar, pensando que nos podemos auto-organizar y a la vez que me auto-organizo estoy conociendo a otros vecinos. Y es un cambio sobretodo cultural, entender que el contexto en el que vivo depende de lo que yo pueda hacer también.” Así mismo, Juan Freire apunta que los ciudadanos que habitan la ciudad son los que “digamos tienen más intereses y depende más su vida de la ciudad.” Y continua, “me gusta pensar que habrá un espacio intermedio donde la gobernanza se pensará de otra manera, como una colaboración entre la parte de abajo y la parte de arriba, que a lo mejor ya no son partes de abajo y partes de arriba sino que se estructuran de otra manera.”

Esta transformación exige un cambio cultural y educacional. El nuevo modelo, ni mejor ni peor, suponeun cambio profundo y todavía existen unas amarras fuertes a un pasado reciente y largo que busca entre viejas soluciones para resolver los nuevos problemas. Se busca la seguridad en el trabajo y en la familia, que en un contexto móvil como el actual se tambalea y se hace más volátil. Juan Freire hace hincapié en la necesidad de una nueva educación ciudadana, “teniendo en cuenta que la sociedad ha vivido en el otro modelo mucho tiempo y nos hemos acomodado y adaptado a que nadie nos preguntara y a que nosotros no decidíamos y si lo hacíamos era a través de un voto cada X tiempo. Era un proceso en el que delegábamos nuestro poder y nuestra capacidad de decisión y casi casi nuestra capacidad de innovación, porque nosotros elegíamos a quien tenía que innovar por nosotros, al que tenía que tomar las decisiones.” Como di Siena apunta, “hemos perdido el interés en formar parte de la comunidad en la que vivimos, pero es que es natural, si pasas diez horas en el trabajo, vuelves a casa lo último que quieres es hablar con tus vecinos o tomar decisiones de ese tipo, luego llega el fin de semana y te dedicas a viajar, porque además viajamos cada vez más y no solo los que más tienen, todos y a ver a la familia, no solo como turistas, como estudiantes, de visita a la familia. Las familias están dispersas en otros barrios y ciudades y perdemos interés por los lugares en los que vivimos.”

Es el momento, por tanto, de repensar y recapacitar sobre las necesidades que tenemos como ciudadanos, sobre qué podemos aportar a la ciudad en la que vivimos para, como dice Félix Manito, hacerla deseable y habitable.

Entre otras soluciones para esta recuperación del espacio público urbano y la activación de la ciudadanía, algunos grupos de arquitectos, urbanistas, artistas y activistas (Michlele Chang, BlastTheory, GuyDebord…) proponen el uso del juego para hacer confluir las experiencias digitales en el espacio físico, pues de lo que se trata es de redescubrir los lugares para el encuentro y asociarlos a experiencias sociales.

Otro remedio interesante se basa en pequeñas intervenciones, en muchos casos los grandes cambios no tienen por qué fundamentarse en megaproyectos, a veces pequeñas intervenciones sirven para darle la vuelta a la realidad. Jaime Lerner, aquitecto brasileño, acuñó este procedimiento como “acupuntura urbana”, la aplicación de transformaciones puntuales; bien saben los fisioterapeutas que a veces un pinchazo en la zona dañada sirve para recuperarla y así lo relaciona Lerner con la recuperación urbana.

En definitiva, se trata de devolver al espacio público sus características intrínsecas de accesibilidad para todos los ciudadanos y lugar de construcción de ciudadanía y encuentro social, donde además confluyan el espacio digital y el espacio físico, no como contraposición, sino como ampliación del espacio.


[1]Influencia de las nuevas tecnologías de información y comunicación en la arquitectura del espacio público urbano. Camila Abbott Navarrete. Santiago de Chile, Octubre, 2009.

[2] Ídem.

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