Una buena idea que se quedó por el camino. El lado bueno de las cosas

Ir al cine un sábado a última hora de la tarde es un tópico, también lo sería ir un domingo, pero de tópicos es de lo que hablan las críticas y de prejuicios es de lo que busca huir esta película, El lado bueno de las cosas.

La comedia romántica sufre de las dolencias que ha provocado, ser la dulzona y divertida, el duro y buen amante, deja un rastro de resentimiento cuando al despertar ves a tu lado lo cotidiano sin aderezos reconcentrados. Y aún por encima, le echas la culpa al otro.
El lado bueno de las cosas querría dejar hueco a los inadaptados, a las locuras de los normales (llevadas al límite en esta película), a las cosas inconfesables que se desvelan cuando desaparecen los prejuicios. Así es. Todas esas buenas intenciones están; todos los ingredientes de la comedia romántica, también; pero le falta reposo, o le sobran detalles. 
Enumeremos ocho ideas que se intentan abordar, pero que se van quedando por el camino:
1.- El esfuerzo que requiere la búsqueda y aceptación de uno mismo.
2.- Dar y recibir sin recurrir a la compasión.
3.- La reciprocidad que no siempre responde al dar y recibir. La reciprocidad que deviene de actos desinteresados.
4.- La desinhibición y naturalidad. La pérdida de los prejuicios morales impuestos por la cultura y/o sociedad en la que se habita.
5.- Las etiquetas, los estigmas sociales.
6.- El amor supeditado y el amor desinhibido.
7.- La actividad física como camino hacia uno mismo y una vida sana.
8.- La literatura en la educación y el adoctrinamiento.
Estas ideas se van planteando en la película como salpicaduras de temas profundos que quedan desdibujadas en cuanto aparece la siguiente idea. No existe profundidad, lo cual desde el punto de vista del lado bueno de las cosas, podría ser un punto a su favor, dejando un argumento abierto para cada espectador, facilitando la digestión de lo que se promete: una comedia romántica.
El trabajo de los actores también facilita la digestión de la película, las locuras estrambóticas son lo suficientemente creíbles, aunque se eche de menos el desarrollo de algún personaje y su influencia en el protagonista (a mi parecer, la madre (Jackie Weaver) merece un poco más) y sobran escenas que lejos de aportar información, desconectan del hilo (la presencia de la exmujer (Brea Bee)).
Estas líneas no responden a una crítica de cine, ni siquiera a un análisis fílmico, son las reflexiones posteriores a una tópica tarde de cine, que culmina con la sentencia: para quien guste de las comedias románticas es una novedad interesante; para el resto, es simplemente una película con buenos actores y alguna pincelada sugerente. Y para aquellos que sucumben a la actualidad, es una de las sorpresas de los Oscar, con ocho nominaciones, y de un director, David O. Russell, que cuenta con cierto prestigio.
P.S. El argumento está basado en el libro Un final feliz de Matthew Quick, al que por curiosidad de saber hasta dónde llega con las ideas expuestas en la película, habrá que echarle una lectura.
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